Biografía

Cuando Mauricio conoce a alguien le pregunta quién es como quien abre una puerta a la que se llega por casualidad. Se interesa en las personas con amabilidad. Habla arrastrando la «s» con un entusiasmo simple que hace dudar a su interlocutor, pero inmediatamente y detrás de la palabra «importante» logra, de algún modo extraño, nombrar el lugar exacto que esa persona  ocupa en la mesa. El gesto es natural, parece que lo hace para sí mismo, pero es un gesto terco, como el de un vigilante que descubre a los moros en la costa. Todo esto a pesar de que tiene un parche en un ojo. A lo mejor se trata de que Mauricio enfoca mejor.

Fue un 28 de diciembre cuando una torta de pólvora estalló muy cerca de él. Todas las versiones de lo que pasó son terroríficas. Mauricio pasó dos días de hospitales, de sustos y tristezas.  Perdió un ojo. Ha tenido días horribles, como cuando su papá y la que ahora es su esposa recibieron el peor diagnóstico de sus vidas al mismo tiempo, pero en ese momento, por primera vez en su vida, Mauricio se derrumba.

A los diez días del accidente estaba comenzando su trabajo en el IDEA. No parece posible pero  el relato de su vida es así: una seguidilla de vertiginosos saltos hacia adelante. Mauricio practica en su propia vida la fórmula de la innovación: se equivoca, le pasan cosas (y no pocas, sus amigos de la juventud le decían el “pararayos”), alguien lo abandona o se le tuerce, él se da cuenta, se pone triste, o se enoja; se queda pensando, al otro día pide disculpas, encaja el golpe; aprende, se repone, sigue adelante. Ese es su modo de hacer las cosas, ninguno de sus allegados piensa otra cosa. Hay dos cosas en las que coinciden quienes más tiempo llevan a su lado: Mauricio hace lo que se propone, cumple lo que dice, no se aparta del objetivo; Mauricio trata a todo el mundo por igual, confía en la gente, no guarda rencor.

Mauricio llegó a la vida de Gloria, su esposa, con la fuerza del destino. Su cuñada se lo presentó y salieron los tres días que él estuvo en Bogotá, donde vivía ella. El día que lo conoció Gloria soñó que se casaba con él. Lo volvió a ver varias veces, hasta que se enamoró. Él no desistió jamás en su intención de estar con ella. Con la capacidad que lo caracteriza, en poco tiempo organizó todo para que ella se viniera a vivir a Medellín y poder ser novios como Dios manda. Al final se casaron, después de que Mauricio le pidiera permiso a su suegro y él le hubiera contestado con un desalentador “ahí vamos viendo”. Gloria es una mujer hermosa y delicada, sin embargo decidida y fuerte. Fue ella quien decidió que la campaña de su esposo a la gobernación continuara, aunque le hubieran diagnosticado el regreso del cáncer que había aparecido por primera vez justo antes de casarse con él. Mauricio se puso tan mal con esta noticia que una amiga le tuvo que dar un baño de realidad: la muerte solo está esperando que uno se rinda para llevarse todo. Dos meses después ya tenía el equipo listo para la campaña. Gloria trabaja con él y a él le gusta decir que es una de las etapas más bonitas de su relación.

Cuando uno le pregunta a sus padres cómo era Mauricio cuando chiquito, su papá contesta: “grande”. Su primera bicicleta se la compró en parte con ahorros del negocio de ventas que hacía en el colegio y en parte con un premio que se ganó en una emisora por contestar una pregunta de historia que su mamá y él encontraron en una enciclopedia. Tenía 10 años. Quizá porque la primera etapa de su vida transcurrió en la Villa de Aburrá –esa ciudadela vibrante que le permitió el contacto con gente tan diversa– o tal vez por haber sido un adolescente inquieto que sentía que no encajaba bien y tenía que cambiar de colegio a veces, muy pronto quiso participar en política para ayudar a los demás. Cuando tenía 17, las universidades públicas estaban en paro y Mauricio fue llegó a una asamblea donde habían 500 personas, habló frente a la audiencia. El muchacho captó la atención de todo el mundo, incluso de su amigo Jorge, que lo conoció allí y con el que desde entonces hace política. Desde ese momento supo que Mauricio tenía madera para irse al frente en la batalla de hacerse elegir para liderar los cambios que ambos creían necesarios.

Siempre empujado por ese deseo permanente de transformación recorrió este camino al lado de personas de distintas con diferentes visiones, así fue como llegó a ser Concejal de Medellín y después gerente del Idea. También motivado por ese impulso de no quedarse quieto, siempre buscando servir a otros, ahora decidió postularse como candidato a la Gobernación de Antioquia de manera independiente; pues responde a la confianza que depositaron en él miles personas que avalaron el movimiento Tú Puedes.